La construcción de los primeros laboratorios

La construcción de los primeros laboratorios

22nd mayo, 2018

Como todo en la vida existe u n origen, un pasado. En el caso de la química podemos preguntarnos quienes construyeron los primeros laboratorios, y la primera respuesta llega quizás en numerosos cuadros de los siglos XVI y XIX representando escenas de laboratorios alquímicos propios de aquella época.

Quizás fue ese el punto de inflexión en el que los laboratorios comenzaron a percibirse como lugares especializados para la práctica de la química y abundando ya los crisoles, matraces, frascos y balanzas en las mesas y estanterías.

Con el paso de los años, comenzó a percibirse la sensación de que solo se ponía a disponer de un laboratorio bien equipado mediante una buena financiación. En los primeros laboratorios eran reyes y otros nobles los encargados de subvencionar todos los gastos, pero lo cierto es que a lo largo de la historia han sido generalmente los propios científicos quienes han sufragado los gastos de sus investigaciones.

Si hablamos de nombres propios en la construcción de los primeros laboratorios tenemos que irnos a 1615 de la mano de Johannes Hartmann, responsable del primero enfocado a la docencia. Le seguiría Thomas Alva Edison con el primer laboratorio industrial destinado a la investigación aplicada.

A pesar del auge de los primeros laboratorios, no fueron pocos los científicos que comenzaban a ver la necesidad de salir del mismo para analizar lo que les rodeaba, de ahí que algunos de estos laboratorios se convirtieran en “portátiles”, incluso en 1783 fue Guyton de Morveau el que elaboró un maletín a efectos de pequeño laboratorio equipado con diversos materiales.

Respecto a aquellos primeros laboratorios, poco tienen que ver los contemporáneos, principalmente por la aparición de la analítica instrumental y los ordenadores ya que matraces, frascos y crisoles siguen estando presentes para realizar diferentes actividades rutinarias, lo que corrobora que todavía tenemos muchos aspectos en común con los antepasados científicos.

 

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