Caquexia crónica: ¿es seguro comer carne de ciervo?

Caquexia crónica: ¿es seguro comer carne de ciervo?

19th abril, 2017
caquexia crónica - que comen los ciervos

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha iniciado los trabajos para ver el riesgo que supone la detección hace un año en Noruega de dos casos de caquexia crónica, una encefalopatía espongiforme transmisible (EET) muy contagiosa y mortal que hasta hace poco estaba restringida a ciervos, alces y renos de América del Norte y Corea del Sur.

Estos dos casos son los primeros registrados en la Unión Europea, por lo que la Comisión Europea solicitó ayuda a la EFSA. De momento, los expertos concluyen que no hay evidencias de que las personas puedan contraer la enfermedad por el consumo de carne de animales infectados. Pero afirman también que la barrera de la especie humana en cuanto a los priones de CWD no es “absoluta”.

Tanto en sus efectos como epidemiología, esta enfermedad degenerativa se parece al mal de las vacas locas (encefalopatía espongiforme bovina) y a su equivalente en la forma humana, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ).

En todas estas formas se caracteriza por producir daño neurológico progresivo degenerativo. El agente que causa estas infecciones se llama prión, una forma anormal de una proteína natural presente en el sistema nervioso. 

En el caso de la caquexia, se cree que la enfermedad se podría transmitir por el contacto de animal a animal o de la madre a la cría. La enfermedad se nota cuando el animal tiene ya unos 18 meses de edad, que es cuando empieza a tener un comportamiento anormal, pierde peso y muere. Algunos síntomas incluyen decaimiento, pérdida de apetito y orejas caídas.

La EFSA ha propuesto hacer un seguimiento durante tres años en ocho países (Estonia, Finlandia, Islandia, Letonia, Lituania, Noruega, Polonia y Suecia) para detectar si la enfermedad está presente entre los animales salvajes con el objetivo de proporcionar las medidas de prevención y control (análisis agrícolas) con el fin de reducir el contacto entre los animales, disminuir las densidades de población de ciervos y aumentar la conciencia sobre la enfermedad.

Se pretende limitar la extensión geográfica de un foco y reducir las tasas de infección en una población afectada.

Algunas autoridades sanitarias estadounidenses aseguran que no hay evidencia de que esta enfermedad haya sido transmitida a las personas, aunque recomiendan no comer carne de animales que muestren síntomas de la enfermedad, sobre todo partes como los sesos, los ojos, la espina dorsal, el bazo o los ganglios linfáticos.

En EE.UU., donde la enfermedad es más habitual, existe la preocupación de que la enfermedad se pueda extender a la ganadería, sobre todo en el ganado vacuno, de la misma manera que el mal de las vacas locas se extendió desde el Reino Unido hace unos años.

 

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